Vigilancia digital en China

Hace unas semanas, cuando hablaba de la futura evolución del cerebro humano, decía que quizás veremos incrementos de inteligencia con elementos externos al cuerpo, tecnología que aportará la inteligencia artificial. Pues bien, este camino ya avanza a pasos agigantados en determinados lugares.
Esta semana ha aparecido un artículo hablando del ojo que vigila a Ecuador. Este pequeño país ha comprado en China un sistema de videovigilancia consistente en una red de cámaras, drones y sensores termográficos para reforzar el sistema de vigilancia y de emergencia. La financiación se ha llevado a cabo mediante un crédito chino de 240 millones de dólares. La red ECU 911 consta de 4.300 cámaras, 16 centros de control y más de 3.000 funcionarios. La red debe permitir reducir la criminalidad y ha de ayudar en el caso de desastres naturales. Bolivia y Perú también siguen el mismo camino, así como Kenia, Zimbabwe y Camboya. La red de vigilancia de este sistema no es habitual: es una red con reconocimiento facial de forma que, en pocos segundos, el sistema puede saber dónde se encuentra cualquier persona. Es un sistema de control que aspira a ser absoluto, y que coloca China (impulsor de este ingenio) a ser el país con más ciberespionaje del mundo, con un control absoluto sobre la ciudadanía.
La vigilancia y el reconocimiento facial no son más que los primeros elementos de este control total que aspira a ejercer el gobierno chino. Pretenden crear un estado omnipresente, una especie de dictadura totalitaria como la del Gran Hermano, descrita en la premonitoria novela 1984 de George Orwell, escrita en 1949.
En China hay 176 millones de cámaras hoy, y está previsto que haya 450 millones al año 2020. Ciertas ciudades como Pekín están completamente controladas por cámaras. Pero el proyecto de Gran Hermano no acaba con la vigilancia de saber dónde está cada uno. Aspira a mucho más: quiere incentivar la figura del ciudadano obediente y responsable creando un carné de puntos del buen ciudadano. Así, si cruzas una calle a pie con el semáforo rojo y si compras alcohol o tabaco por internet te quita puntos. Si buscas ciertas cosas en Google, si hablas de según qué cosas en Facebook oa tus grupos de WhatsApp, te penaliza. Tener buena puntuación te da más velocidad en la obtención de ciertos privilegios como visados ​​o el derecho a ciertos billetes de tren o avión. El estado va camino de penalizar las opiniones políticas contrarias al régimen chino vía la disminución del ranking de la puntuación de cada individuo.
Evidentemente la presencia de un ojo omnipresente tiene consecuencias importantes, como la creación de una sociedad sumisa y acrítica, sin independencia de pensamiento. El control de todo lo que se dice, de lo que se piensa y de los movimientos llevan a una sociedad peor que ciertos regímenes autoritarios que se han convertido a lo largo de la historia y esto puede ser una consecuencia natural de la creciente preocupación para poder gobernar con eficiencia una sociedad de 1.380 millones de habitantes … aunque India, con 1.320 millones, no parece que vaya por este camino. Esto sólo lo podía hacer un régimen autoritario y comunista como el que lidera China, con experiencias recientes cuestionables bajo el mandato de Mao Tse Tung, quien impulsó una revolución cultural que acabó con cada vecino denunciando el de su lado.
A pesar de la perversión social que significa el sistema de control algorítmico del crédito social chino, la irrupción de la tecnología en forma de inteligencia artificial acabará teniendo un impacto notable en todas las sociedades del mundo. Obtener más seguridad es un argumento que no se podrá frenar. Recuerdo oposición hace años a poner cámaras de vigilancia en la calle. Pues ya ven: no sólo hay cámaras, sino que previsiblemente habrá pronto reconocimiento facial, que permitirá conocer la identidad de cada uno en cada momento. Esto no lo vamos a frenar. Pero veremos si seremos capaces de frenar otras derivadas como el crédito social, el hecho de que un ciudadano ejemplar tenga preferencia sobre otro que no aporta nada a la sociedad: algo así hace años que pasa en las listas de la seguridad social inglesa, donde se da prioridad a los no fumadores en las colas para recibir atención médica.
La sociedad tiende a ser meritocrática y un sistema de puntos sociales puede conducir a hacerla más justa. El riesgo de esto es caer en un esquema de control que anule individuo, abolir la creatividad y le reste capacidad de pensar y de criticar el sistema.
Una base importante de la sociedad tecnológica es la de la libertad de la información. Si cualquier sistema de ojos afilados, como decía Mao, implica frenar la circulación de información, será negativo para la sociedad, sea cual sea el entorno donde se aplique. El crédito social debería hacer más responsables a los ciudadanos, no reprimirlos y anularlos, dejándolos sin opinión.
La tecnología está para usarla para la mejora del individuo, no por liquidar el pensamiento humano: este camino lleva al fin que la máquina termine predominante sobre el hombre.
China se ha propuesto dominar el mundo y va penetrando en territorios donde lo tiene fácil, como África y América del Sur. Los occidentales creemos que nuestra democracia es el único camino para el desarrollo de una sociedad, pero los intentos de implantación democrática en el Magreb o en ciertos países de América no parece darnos la razón. Cada país tiene una idiosincrasia diferente y parece que China lo entiende mejor que nosotros, haciendo entrar sus conceptos poco a poco, ahora con el ojo que vigila, ojo afilado de Mao.

 

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