Una Diada con patatas

Unos y otros utilizarán la próxima Diada para volver a flotar en la corriente y jugar con la opinión pública. Como el Día de la Marmota, funcionará como evento propicio para estudiar las vísperas del clima en Cataluña, un invierno político que no se acaba, hará de trampolín para los showmans de independentismo o para los Nostradamus de la falta de convivencia. Bajo esta marea de opiniones, en silencio, abriéndose paso sobre la selva de noticias falsas y opiniones infundadas, una sociedad hará frente a su época.
Años atrás comentaba con mi editor historias propias del periodismo. Días más tarde de haberse publicado un reportaje, por el que había sudado tinta, encontraría el papel del diario donde había sido impreso envolviendo en un chino una docena de huevos. Mi editor, en cambio, había visto como un familiar secaba el suelo con el diario de una de las primeras notas publicadas de su carrera. Lo comentábamos no por desprecio del sagrado oficio del periodismo, sino por esta ironía propia que tienen las noticias, las opiniones, todo lo que se publica. Muy conscientes vez los otros destinos de un reportaje, de la importancia de una verdad bien dicha.
La sensación actual es que todo es superficial, que recae en el decorado, que no acomete ningún problema de fondo, hasta hundirse en el olvido. Un «di lo que quieras total de aparecer». Como mandan los titulares, manda el transitorio y l’espontani. Así es como unos y otros acaban comiéndose fake news con patatas y, piensan, se comerán la Diada con la misma guarnición. Sin embargo, los que juegan con la opinión pública juegan con fuego. Le pasó a Quim Torra para avivar el fuego de independentismo, le pasó hace pocas semanas a Pablo Casado, en apoyar noticias falsas. Muchos políticos toman lo que dicen como el que llenará ese papel que en breve irá a envolver una docena de huevos o a secar un suelo.
Convendría hacerles recordar a estos señores que, hace muy poco, todos los casos de corrupción del PP, que hartaron opinión pública, acabaron con un gobierno. Sin el cansancio generado la moción de censura a Mariano Rajoy habría sido papel mojado. El publicado en los periódicos fue el iris de los que se revolcaban en la corrupción más abyecta. Las fake news y opiniones «para aparecer» son rápidas, se extienden con la velocidad de la luz pero su peso es el de la pluma y ni siquiera.
La verdad es lenta, gravitacional, pero más contundente que mil toneladas de hierro.

 

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