Una cita de Rousseau

Escribe Jean-Jaques Rousseau el segundo párrafo de su clásico e influyente El contrato social, o los principios del derecho político (1762): «Se me preguntará si soy príncipe o legislador para escribir sobre la política. Respondo que no, y que es por eso que escribo sobre política. Si fuera príncipe o legislador, no perdería mi tiempo a decir lo que hay que hacer: lo haría o callaría ».

 

No se puede decir que la política catalana institucional de estos días haga mucho caso al filósofo, porque se cuenta mucha más palabrería que acción. Declaraciones, discursos, conferencias, resoluciones que no derivan en actuaciones. La del 1 de octubre fue una acción enorme, visible en el mundo entero, pero desde entonces toda la fuerza se ha ido por la boca. Quien ha arremangado han sido las bases independentistas que, cuando menos, han ido saliendo regularmente a la calle y han llenado el país de lazos amarillos, hasta el extremo de exasperar los líderes de Ciudadanos y sus guerrillas del cúter ( cutter squads). Y quien actuó rápidamente fueron las instituciones del Estado, con la destitución del Gobierno, la intervención de la Generalitat y el encarcelamiento de gobernantes y líderes independentistas.

 

A Todos los hombres del presidente ( Carl Berstein y Bob Woordward), Uno de los jefes de redacción del Washington Post dice a los periodistas que investigan el escándalo del Watergate: «No tienes que fijar más en lo que dice un político sino en lo que hace». Por sus hechos los conoceréis, afirma citando incorrectamente el evangelio de Mateu (Donde Jesús, el sermón de la montaña, no habla de «hechos» sino de «frutos»). Los hechos de los parlamentos son las leyes y los presupuestos, y el nombramiento de gobernantes. Los gobiernos firman decretos, deciden gastos, dan órdenes, solucionan problemas y estudian el futuro para verlas venir. De todo ello, y desde el momento en que era posible -la constitución del Parlamento surgido de las elecciones del diciembre-, básicamente se ha hecho una cosa: la elección del jefe de Gobierno. En cuanto al resto, el elemento dominante ha sido la gesticulación. Se han adoptado acuerdos sin efectos prácticos pero de un gran valor simbólico. Y ciertamente que esto es normal, comprensible y argumentable en una situación como la catalana, con líderes políticos del máximo nivel presos o exiliados. Puede ser incluso necesario. Pero no suficiente.

 

Comienza un curso marcado por el juicio y las elecciones municipales y europeas. De ocasiones para hablar sobrarán. Motivos para actuar también sobran.

 

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