India, Cachemira, Cataluña

Caixmir: el caso de la libertad es una colección de ensayos publicados por intelectuales hindúes como Tariq Ali, Hilal Bhat, Agana P. Chatterji, Habban Khatun, Arundhati Roy y Pankaj Mishra, Un autor del que ya os he hablado más de una vez.

 

En estos escritos abordan una variada gama de temas con una inteligencia emocional y política envidiable.

 

De la misma escuela que Pankaj Mishra, hoy os queremos hablar de Arundathi Roy, una escritora hindú que se hizo mundialmente famosa cuando publicó el libro El dios de las pequeñas cosas. Arundathi es una de las narradoras indias actuales más importantes, una autora que aborda sin complejos temas políticos y sociales. Su compromiso, comparable al de Jean Paul Sartre, Le ha hecho ser blanco de las críticas, tanto domésticas como internacionales, de aquellos intelectuales y artistas posmodernos que están al servicio de las modas y tendencias impuestas por los grandes medios de información y propaganda promovidos por el neoliberalismo postcapitalista.

 

Somos muchos los autores que nos mantenemos dentro de la teoría crítica denunciando los horrores, miserias y enajenaciones que tienen lugar en todo y también en la India, una sociedad de más de 1.000 millones de habitantes, aparentemente democrática, desarrollista y consumista a la americana .

 

Más de 800 millones tienen derecho a voto y deben optar entre una clase política llena de corruptos y delincuentes que quieren representar unas empobrecidas clases populares que, sus dirigentes, los hacen creer en antiguas y oscurantistas religiones como el hinduismo, el budismo o el islamismo.

 

La India es una falsa democracia donde todavía hay castas, parias y vacas sagradas que corren por la calle. Todo ello, debidamente bautizado por corrupto partido Congreso Nacional Indio. No olvidemos que un militante de esta formación política fue el que asesinó Mahatma Gandhi por haber permitido la independencia de Pakistán musulmán.

 

Dentro del estado indio, Cachemira constituye un territorio de mayoría musulmana que quisiera separarse de la Unión india y juntarse con Pakistán. Este conflicto entre hindúes y musulmanes ya ha comportado tres guerras entre dos países que, no lo olvidemos, tienen el arma nuclear.

 

Este es un conflicto soterrado que raramente sale en los telediarios. En Cachemira hay estacionados más de 700.000 soldados hindúes que mantienen al país en un permanente estado de sitio, donde hay combates esporádicos, miles de muertos, encarcelados, torturados y exiliados.

 

En la inmensa India hay varios estados que tienen conflictos armados abiertos que esconden diferentes conflictos nacionales y sociales. En la India hay guerrillas marxistas y comunistas que luchan en la selva para defender una población que, en muchos casos, no tiene trabajo y pasa hambre. Servidor, que he viajado por casi todos los países del mundo, no he querido ir a la India para no encontrarme con la miseria también milenaria, a pesar de los tópicos de sus grandes religiones espiritualistas que allí todavía son el opio del pueblo.

 

Por combrate la opresión y las supersticiones, los principales intelectuales críticos del Tercer Mundo siguen siendo marxistas como sus maestros ingleses, disidentes críticos con las caducadas ideas del imperio británico y de su monarquía. La reina es accionista y comisionista de las principales empresas de la City londinense y aliada de los emires del Golfo.

 

Y volviendo a la India y en las miserias del capitalismo, diremos que hay 830 millones de personas que sobreviven con sólo 20 rupias diarias. Como en todas partes, 100 personas ricas del país concentran en sus manos más de una cuarta parte del producto interior bruto, el resto de la población son fantasmas.

 

Mientras tanto, cientos de campesinos se suicidan porque no pueden pagar sus deudas con los bancos. Otros tienen que dejar el campo e ir a las grandes ciudades, donde malviven en los suburbios. Muchos son despojados de sus tierras porque no tienen escrituras o porque, analfabetos como muchos son, son enredados por las empresas que les roban las tierras de cultivo.

 

La corrupta clase política local, aliada con capital multinacional, apoyado por los militares y la policía, construyen nuevas presas, autopistas, casinos, industrias contaminantes que no tienen ningún respeto por la naturaleza y la ecología.

 

Por lo tanto, cuando aquí antiguos líderes autonomistas, regionalistas, hoy nuevos republicanos catalanes, hablan de que somos una nueva república, no tienen en cuenta que el libre mercado neoliberal capitalista ya es global y hegemónico, controlando todas las economías del planeta.

 

Y no entienden que, en el caso catalán, el hecho de que más conoce del proceso hacia la independencia, según datos del gobierno central, es que 3.000 empresas dejen de cotizar en Cataluña y se vayan a Madrid. También es sintomático que las dos empresas elaboradoras de cava más importantes del país, hasta ahora en manos de familias de obediencia monárquica, hayan sido vendidas a fondos de inversión internacionales.

 

Lo mismo podríamos decir de bancos, grupos inmobiliarios, hoteleros, casinos o de comunicación, que han pasado a ser controlados por capital extranjero.

 

Qué independencia tendremos si nuestra economía está controlada por capital extranjero, por industrias que tienen como primera lengua el inglés y el dólar como moneda de referencia?

 

Si incluso en Cuba se habla de que harán un referéndum para restablecer la propiedad privada y derogar la planificación comunista, mejor dicho, socialista burocrática de partido único.

 

Hoy en día, vivimos en un mundo globalizado donde la cultura, el cine, las músicas, las comidas, las bebidas, la moda … todo nos viene programado desde el centro del imperio que tiene su centro de gravedad en Los Ángeles, Atlanta, Chicago o Nueva York.

 

Mientras tanto, millones de pobres que viven en las favelas, banlieues, Barracas de las grandes ciudades de la India, África o América Latina, deslumbrados por el resplandor de la American Way of Life, dejarán sus lugares de origen y harán miles de kilómetros con el anhelo de llegar a Europa o la Norteamérica supercapitalista, explotadora y tan corrupta como las indecentes minorías dirigentes de sus países.

 

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